
En un pequeño rincón de mi casa, protegido de la luz directa y corrientes de aire, tengo un acuario de 60 litros. Es de un tamaño mediano, con un magnífico tronco retorcido en el interior, algunas plantas (una de las cuales crece sorprendentemente rápido) y, naturalmente, algunos peces. En su día tuve incluso tres gambitas que se refugiaban en un falso tronco de arcilla o entre las rocas.
Los peces, de agua dulce y tropical, son de varias especies, pero de tanto en tanto sucede lo peor. Hay veces en que, de repente, encuentro los restos de un pez que, aparentemente, en el día anterior, parecía gozar de buena salud. Otras veces desaparece sin dejar el menor rastro, evaporado por completo. Y a veces…
Hoy encontré uno de ellos, el último guppy que me quedaba, un estilizado pez de cola naranja que se posaba en el gran tronco y en las grandes y jugosas hojas de una de las plantas acuáticas, conducta muy anormal en este pez buen nadador. Sólo con verlo, me temí lo peor y, poco después, al pasar por el lado, me lo encontré de nuevo, revolcándose sobre la arenisca del fondo, como buscando un lugar tranquilo donde morir. Me preguto si los animales se dan cuenta de que va a pasar. Algunos, como sucede con los elefantes, es seguro que sí pero, ¿y los peces?. No ha sido la primera vez que soy testigo de este triste acontecimiento al otro lado del cristal, con un pez luchando por sobrevivir un poco más, y siempre terminando de la misma manera, echado en una esquina y devorado por sus compañeros.
¿Por qué el mundo tendrá tal cantidad de agua y siempre miramos hacia el espacio, como si presintiésemos que alguien nos observa desde el otro lado de las estrellas?.
2 comentarios:
Yo tampoco puedo responderte.... pero quizá anhelamos algo más siempre...
Quizás porque necesitamos sentir que hay alguien que desde arriba nos proteje. Este mundo suele hacernos sentir desprotejidos y creer que hay algo más allá a veces nos da tranquilidad.
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