15 agosto 2006

LA CITA CON OLGA


Casi era el momento de mi cita con Olga y me encontraba muy nervioso. Y, precisamente, el reconocer que lo estaba, hizo que aún se acentuara más.
Mentalmente repasé que todo estuviera en orden: me había vestido, duchado, puesto desodorante, cerrada mi casa con llave y afeitado. Y sí, en ese orden porque mis nervios no hacían sino convertirme en un muñeco torpe y angustiado, temeroso de meter la pata, obligándome a malgastar minutos de mi vida repitiendo lo mismo para lograr que algo que deseaba con ardiente deseo saliese mínimamente bien.
Cuando comprobé por undécima vez lo lejos que estaba de representar adecuadamente el papel de hombre cabal y seguro de sí mismo, salí de mi casa.
El paseo resultó extrañamente apaciguador. Crucé el puente de piedra, pasé bajo los árboles de un pequeño parque que sofocaron el calor veraniego y me dirigí al punto acordado.
No pude sino rememorar las circunstancias que me llevaron a descubrirla, a romper una barrera de timidez y terror, a entablar una conversación con ella, a pedirle una cita, a asumir que, tras mucha lucha –ríete de cualquiera de los doce trabajos de Hércules–, había aceptado. Y también, como no, cruzó por mi mente todo lo que podía salir mal. Y, en serio, muchas cosas podían salir mal: podría derramar la copa encima de ella; podría soltar algún comentario que se malinterpretase; podría parecer demasiado callado o demasiado hablador; demasiado retraído o demasiado lanzado; demasiado intelectual o demasiado descarado.
Demasiados “demasiados”.
Tardé bastante en llegar al punto de encuentro: unos cuatro años, según mi reloj interno, pues la caminata en aquella tarde se ralentizaba hasta el hastío. Pero llegué. Al fin, tras tantas dudas y preocupaciones, estaba ahí. Me pregunté cómo se las apañarían los demás para mostrarse tan calmados y confiados en sí mismos, o cómo lograba James Bond mostrar una sonrisa y que todas mujeres, heroínas y villanas, cayeran rendidas a sus pies. Claro que era un montaje y claro que, para burla del famoso agente, ninguna relación le duraba más de hora y media. Yo, secretamente, aspiraba a mucho más.
–¡Hola!. ¿Llevabas mucho rato esperando?.
Salté como un felino –un felino asustado– y me giré hacia Olga, que había aparecido a mis espaldas sorprendiéndome. ¡Buen agente secreto sería yo!. Procuré forzar mi sonrisa, intentando no asustarla por la mueca, y respondí lo más tranquilo posible.
–No, que va. Acababa de llegar.
Ahí estaba ella. Sonriente, preciosa, una mujer de indudable atractivo, con ese algo que me había empujado a romper el sentido del ridículo hasta lograr una cita con ella. Olga… La miré a los ojos hasta que descubrí que podía verme y entonces reaccioné:
–¿Vamos a alguna terraza?.
–Claro.
Caminamos juntos, en silencio por un incómodo rato. Quería decirle algo, pero no sabía qué preguntarle sin parecer un tópico tembloroso. Algo dijo ella y algo respondí yo: en mi caso, llamarlo “algo” resultaba representativo, porque mi lengua se había hinchado y sólo acertaba a farfullar cosas sin mucho sentido. Me habría callado, pero antes tenía que arreglar el desaguisado…
Olga apoyó su mano sobre la mía y bajé la mirada hacia ese punto, siendo testigo de que mi mano, ajena a mi voluntad, tomaba la suya con profundo cariño y calma, con los dedos cerrándose en torno a los suyos y los suyos en torno a los míos. Al levantar de nuevo la cabeza, la vi sonriéndome. Estaba muy guapa. Era maravillosa.
Encontramos una pequeña mesa libre en una terraza, rodeados de mesas ocupadas por personas invisibles para mí y un camarero que iba y venía y en quien tampoco reparé. Pedimos algo para tomar que nunca recordaría, porque mi atención estaba fija en ella, en sus ojos claros, en su mano rozando la mía, en su voz comentándome algo de su trabajo como enfermera, en las películas que le gustaban…
Pronto me vi ahí sentado, sin miedo alguno, sin nervios, sin temor. La tarde era perfecta, la compañía inolvidable. De pronto había dejado de ser un patán torpe y tartamudo para convertirme en quien era realmente. Pasamos varias horas hablando con la calma de quien no necesita nada más, simplemente hablando y conociéndonos, alejando de nosotros los fantasmas que siempre nos acechaban, dejándonos conocer y descubriendo a alguien que merecía la pena descubrir. Así transcurrió el tiempo, fluyendo en una suave tarde sin agobios ni nervios, con algunos momentos de silencio que se rellenaron con una mirada brillante y una sonrisa sincera, con una mano apoyada en la otra para sentir el mutuo calor de quien te escucha y le gusta escucharte, sabiendo que esa tarde iba a terminar pronto pero asumiéndolo con inusitada calma. Me contó anécdotas de sus hermanos y yo renegué de los míos; le conté un viaje que hice hace tiempo de ensoñador inicio y triste final y ella me contó su deseo de viajar a donde hubieran grandes montañas y frondosos bosques; le hablé de mis gustos cinéfilos y acordamos que veríamos juntos algunas de las películas clásicas que tenía en DVD. Así se derritió el hielo de nuestras bebidas y la frialdad de las máscaras que siempre empleamos para protegernos de los demás, quedando tan sólo dos personas que congeniaban y que disfrutaban de una tarde de charla sin tener en mente ningún punto de destino. No había prisa.
Lo que fuera a llegar, llegaría. Por el momento, lo único que quería de ella era que al fin me contara eso que le había pasado cuando tenía diez años que tanto sonrojo le causaba y la historia que rodeaba a un anillo plateado que llevaba en su dedo índice. Seguro que serían grandes historias y yo ansiaba escucharlas de su propia voz.
¿Qué pasó a continuación?. Preguntádselo a Olga, porque yo sé guardar muy bien los secretos.

20 comentarios:

A k e l a dijo...

Simplemente HER-MO-SO!

pando dijo...

me encanta, creo que vales mucho, ahora la pregunta es... esto es una historia real o no es real.. tu eres el protagonista?aveces usamos historias para escondernos en ellas, decimos muchas cosas poniendo personajes y simplemente somos nosotros... bueno eso tampoco creo que me lo dijeras verdad? de todas formas ojala saliera el chico dulce ese que llevas dentro sea real o no esa historia, me encantaria poder conocerlo

El Errante dijo...

Pues se trata de una historia ficticia, imaginada, aunque siempre con algunos matices ciertos en la cabeza. Quizás, si "mi Olga" lo lee, pueda verse reflejada y se reconozca (o no). ¿Estás ahí, Olga?. ¿Me vas a encontrar?. ¿Acaso me buscas?. ¿Cuándo sucederá esa llamada a mi teléfono para, seguidamente encontrarnos en la terraza?.
En cierto modo, cada cual refleja en un alguien ficticio sus sueños, deseos, en parte reales y parte no, por lo que esta Olga sí es real (en cierto modo) y esta historia es auténtica (en cierto modo también).

Anónimo dijo...

Pando.... sí, el Errante es así de dulce, y a la vez es una persona fuerte, ¿por qué no?
El Errante... entiendo (y comparto) esos nervios, aunque, sin afán de competir, creo que los de Olga no se quedan atrás... Un beso...

El Errante dijo...

Y, me pregunto... ¿quién será este usuario anónimo?. ¿Cómo sabe que soy así de dulce y fuerte?. ¿Quién será?. ¿Conoce también a Olga?. ¿Cómo comparte esos nervios?.
Creo que es el momento oportuno de instalar un análisis espectogramo- fológicogenético de inmediato.
¡He dicho!.

Anónimo dijo...

uh, yo no me haria muchas ilusiones con Olga, soy una de sus compañeras..y casi que deberias cambiar de cine. es un buen consejo.

A k e l a dijo...

Muchas veces he oido eso de "Me lo contó un amigo" cuando en realidad ese amigo no es mas que el emisor.
Cuidado el errante que podemos estar ante una posible Olga!
Esto se pone interesante :-)

El Errante dijo...

¿Y por qué cambiar de cine, compañera de olga anónima???. Creo que ya me he perdido, la verdad. Pero bueno, el tiempo dirá... En todo caso, se agradecería una pequeña aclaración porque, francamente... es un consejo un tanto... agresivo (que apreciaría que fuera en privado, porque, francamente, ciertas cosas es mejor decirlas o aconsejarlas en privado).
Ignoro si con estos posts estoy haciendo que alguien se sienta mal, cosa que para nada querría, pero de ser así, ha de quedar claro que lo atajaré de inmediato y sin que me tiemble el pulso, eliminando de cuajo todo lo relativo a un asunto que, jamás, debería convertirse en motivo de molestia para nadie, y uno de los últimos comentarios, con una advertencia entre confusa y seria, me lo está haciendo replantear muy seriamente. En cuanto tenga la más mínima evidencia de que alguien se siente dañada en cualquier aspecto, pienso ser tajante y con todo lo concerniente a ello.
"Olga", si lees esto, dime sólo que lo borre y lo haré. Estás en tu derecho a que te dejen en paz y así lo haré sin dudarlo. No lo dudes.

Anónimo dijo...

hola Errante, no se si yo soy "Olga" o no, jeje, soy la que dijo que eres dulce pero fuerte. Ah, y el zumo de naranja con mango estaba bueno. Si soy yo, no me siento ofendida. Un beso. (jo, ahora ya no voy a firmar, sino a poner de nuevo anonimo, q si no se sabe todo, jajajaja) Lo dicho, un beso.

Anónimo dijo...

vale, sabiendo q no soy "Olga" (gracias por la aclaracion, Errante, eres un Sol), solo digo lo de antes: los nervios no creo que fueran solo para ti,. Si yo quedara así, ¡¡¡vamos que si estaría nerviosa!!! Por lo demás, nada, buen día, y un beso. (ah, ultima vez q pongo anonimo, sí, jeje)

Olga dijo...

Hola, he llegado aqui de casualidad. Me llamo Olga, pero no creo que sea yo la de la cita, jejeje. Ojalá lo hubiera sido, pues se nota que eres todo sentimiento y buena gente. Un saludo desde Toledo!!!

El Errante dijo...

Pues encantado de tenerte por aquí, Olga y espero que no dejes de visitarme en esta Isla, ahora, un poquito isla de todos. Sé muy bien recibida y disfruta de tu estancia. Una curiosidad, ¿Cómo la has encontrado?. ¿Navegando tal vez?. Espero que tu mismo camino lo puedan encontrar más gente y así que lleguen nuevos visitantes.

A k e l a dijo...

Si el errante, esta isla está cada vez más habitada!! Quizas porque en ella nos has hecho sentir muy a gusto.
Y da pena abandonarla! Por mi parte aqui me quedaré. Fue toda una travesia llegar a ella asique ahora me dispongo a descansar...

Anónimo dijo...

hola!
en tu comentario de la vida(de las cuatro cartas)dices que de aquel cristal salto o cruzo algo mas que las monedas o el ticket.me pregunto??? tu crees que es cierto o solo imaginaciones para poder crear tu obra.por que en la vida de taquillera cruzas muchas miradas con la gente que esta en la cola pero no por que surga algo mas que un comentario o unas monedas o un ticket.

El Errante dijo...

Pues... tal como lo expresa, querido anónimo, parece claro que "algo" atraviesa el cristal... pero en ningún momento señado que fuera de dentro hacia fuera.
Y, además, tal como Mark Twain dijo en una ocasión, "no dejes que una mentira te estropee una buena historia".
PD: bienvenido tú también, seas quien seas... ¿quién eres, por cierto?.

Anónimo dijo...

me encanta todo lo que publicas,tiene tanto sentido y relismo a la vez.
es real o solo lo imaginas?
me gustaria poder conocernos,yo,en ocasiones,tambien escribo y tengo la sensacion de que pudieramos ser almas gemelas,pues tenemos el mismo sentido de ver las cosas.querria ser tu musa,como olga(real o no).
espero que no te moleste mi comentario.
sin mas deseo una respuesta a mi plegaria.un beso

Anónimo dijo...

hola!
perdona pero si que señalas que es de dentro hacia fuera cuando dices que,y cito textualmente:algo que me atraveso y me hizo caminar con pies cansados.....
no tengo nada en contra de tu obra,esta bien y tampoco en contra de tus sentimientos.Pero,quizas la persona a quien va dirigido esto le es molesto y mas,si llega a oidos de su pareja mas.

OLGA dijo...

Pues si, encontré tu página navegando, fíjate que casualidad. Y si, seguiré viniendo por este lugar tan especial... está lleno de sentimiento, y eso me gusta. Un besazo, errante.

El Errante dijo...

Es que ha habido una malinterpretación, pero fácil de aclarar (o no tanto, pero lo intentaré). Por pasos:
Primero, lo que cuento en el relato (que ¡ojo!, tiene parte de cierto, parte no), cuando digo que algo atraviesa el cristal de dentro hacia fuera, me refiero a que algo en el personaje que está dentro del cristal hace mella en el personaje que está fuera del cristal, en el sentido de que algo en ella me gustó (y, por tanto, diferenciando que pudo no ser precisamente al revés, puesto que no digo que algo en mí gustase en ella). O sea, que no se correspondían las emociones o pensamientos (lo aclaro porque podría creerse que el personaje femenino siente algo por el otro, cosa que no es así, de ahí la incertidumbre al final).
Y, segundo, mucho más importante... es una historia que no es real, aunque tiene cierta base verídica. Por algo mencioné a Mark Twain antes. Por lo que "mis sentimientos" forman parte de lo ficticio, como otros pequeños detalles añadidos.
Algo más quisiera añadir que sería bastante tranquilizador y aclaratorio, porque creo que alguno se está imaginando lo que no es, pero ya lo diré a quien corresponda si un día tengo ocasión de hablarle en privado por respeto a su intimidad y la propia(cosa difícil porque no creo que nos veamos en mucho tiempo). Así que, si la aludida tiene interés, le aclararé todo en privado y espero que deje de imaginarse lo que no es y nunca ha sido. Siento el malentendido (culpa mía, por cierto) y confío en que no hayan habido problemas con nadie, ni parejas, ni compañeras, ni nadie.

El Errante dijo...

Una nota para cierto visitante anónimo (al no firmar con un nombre, es difícil dirigirse a alguien en concreto), si quieres puedes enviarme un mail a la dirección señalada a la izquierda. Quisiera apuntar que es difícil creer que alguien pueda ser o no una "alma gemela", pues esto que lees, siendo en parte ficción y parte real, mostrando emociones y sentimientos reales, aún cuando no sean reales para el momento justo, sólo reflejan una parte pequeña de mí. Conocer a alguien es un proceso sumamente complejo, es todo un viaje al que quizás toda una vida resulte insuficiente.
Lo que aquí muestro es parte de lo que me gusta escribir, pues también disfruto, quizás más, con novelas, con historias de ciencia-ficción, con nuevos modos de expresarme y nuevos recursos literarios, explorando y experimentando con todo lo que se puede imaginar, que siempre es mucho. En fin, te animo a tí y a quien quiera a escribirme un mail para contarme lo que se quiera, dado que mediante breves comentarios es dificil, aunque ello no ha de impediros añadir nuevos comentarios tanto a los posts como al libro de visitas. Así, cada vez habrán más visitantes en esta Isla.