
Su nombre es Rosa.
Por espacio de veintitantos años no la había recordado, pero hace pocos días volví a verla y cientos de imágenes congeladas por el tiempo y guardadas entre algodones y ternura salieron a la luz, marchitándose a medida que se mostraban.
Fuimos juntos al colegio, al de San Mateo, en la calle del Pintor Escobar. Eran tiempos en que la secundaria tenía un nombre distinto, las asignaturas eran otras y los años parecían más largos, pero en otros aspectos era muy similar: ya hacíamos novillos; ya nos las dábamos de gallitos; ya jugábamos al fútbol; ya descubríamos nuestro primer amor.
En mi caso, y en el de la mitad de los chicos de mi clase, tenía el mismo nombre: Rosa. Una morena de melena larga y lisa, ojos del color de la avellana, labios siempre jugosos y un cuerpo de deliciosa figura. El Pedro, incluso, que compensaba torpeza por valor, llegó a escribirle una carta de amor que no sirvió de nada. Yo le envidié por su arrojo, pero pronto sería yo el envidiado cuando ella formó parte de mi grupo de trabajo para la clase de Biología.
Fue ese amor platónico que jamás tuvo el menor atisbo de realidad. Como críos que éramos, así experimentábamos lo que la vida nos deportaba, hasta que, inevitablemente, crecimos, no separamos y, por último, nos olvidamos.
Hasta el día de hoy, en que, ¡cosas de la vida!, me encontré con Rosa.
Apareció casi de la nada en una calle que no distaría más de diez minutos de nuestro viejo colegio. Vestía harapos que ocultaban su cuerpo flácido y blanquecino, y su rostro era la de una mujer macilenta, de dientes sucios y rotos, y ojos con la mirada sucia sobre sendas bolsas de carne enrojecida. Apenas reparó en mí, ocupada en pedirme algo de dinero, pero yo, estupefacto tras reconocerla a pesar de su aspecto mugriento, me quedé paralizado al superponer mis viejos recuerdos con el ser que tenía ante mí. Ella, impaciente, no tardó en darse media vuelta y marcharse a vivo paso, girando en la esquina próxima mucho antes de que yo me recobrara.
Para compensar mi parálisis, un chorro de preguntas asaltó mi cabeza, pero las dejé de lado para arrancar los pies del suelo y alcanzar la esquina. Vislumbré la sombra de sus ropas a lo lejos, pero yo me detuve. ¿Qué pretendía? Difícilmente ella se acordaría de mí, ni tendría sentido que así fuera. Aquello no debía pasar de una mera anécdota olvidadiza.
¿Qué le pasaría?, me pregunté. Aún cuando me avergonzara reconocerlo, no quise descubrirlo. Yo tenía mi propia vida y hubiera sido una estupidez ir tras ella.
Sentí el peso de un jarro de agua fría sobre mí. Su imagen decaída, pisoteada cuando hubo un tiempo en que fue muy guapa no podía por menos que resultarme chocante. ¿Cuántos errores hace falta cometer para caer tanto? Aquel recuerdo tan triste no sería fácil de olvidar. Cabizbajo, continué mi paseo en dirección contraria al pasado nostálgico y el presente amargo.
¿Qué le pasaría? La respuesta pude muy bien oírla de sus lejanos labios:
La vida por encima.
9 comentarios:
Hacía tiempo que no escribías (al menos aquí). Sabes que se te echaba de menos? Gracias por escribir, gracias por meternos en la situación. La verdad, es como si yo misma la estuviera viendo... y fuera mi compañera de escuela. La vida cambia en la medida en que damos pasos para ello... Hay que saber lo que se quiere, y luchar por ello. Por eso, errante, sigue, sigue navegando por las letras y fantasías...
Un beso
pues yo la buscaria y se lo preguntaria de eso estoy segura
amante_28
LA VIDA DA MUCHAS VUELTAS HOY ESTAS AQUI Y MAÑANA NI SE SABE QUE TE PASARA EN FIN ESPERO SEGUIR LEYENDOTE.
UN BESO
No debieras poner las fotografías tan altas porque destrozan la historia... Si ves una foto de una pobre pidiendo en una escalera de la calle se prevee cual va a ser el resultado de la Rosa.
No deberías poner una foto tan traicionera al desenlace de la historia al comienzo de esta.
Al verla, presientes, para finalmente darte cuenta, de que Rosa es algo como la vieja que pide en la calle de la foto.
Aunque no estoy tan convencido de que se pueda prever el final de la historia, sí es cierto que podría dar pistas, pero no siempre puedo encontrar una foto adecuada. En todo caso, mi anómino lector, das un muy buen consejo y pienso tenerlo en cuenta para los próximos posts. Gracias por el consejo y bienvenidos todos los recién llegados.
esperando tu proximo post....
yo tambien espero
Gracias por vuestros deseos, pero no sabéis hasta qué punto estoy atareado, pero espero que dentro de poco añadir un nuevo post, que ya tengo claro en mi mente.
¿De qué trata?:
Un amanecer y el preludio a un día trágico.
Lo dicho, cuando tenga un poquito de tiempo, lo postearé.
Besos
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