26 abril 2007

DESPERTAR


Me despierto demasiado pronto como para volver a dormirme, y demasiado tarde como para arrastrar aún sueño. Finjo que intento dormir, pero no sé mentirme y pronto me rindo y me incorporo lentamente, procurando no despertarla. A juzgar por la ligera luz que se cuela por los resquicios de la ventana, deben estar amaneciendo. Podría torcer el cuello para comprobar la hora en mi despertador, pero la verdad es que me da igual. Me limito a apoyar la cabeza sobre mi mano y continuar observándola.
Está preciosa. No, no la puedo ver bien, pero no importa. A pesar de la escasa luz presente que tan sólo perfila un rápido esbozo de su silueta, podría describirla perfectamente. Siempre duerme boca abajo, con el rostro hundido en la almohada, agarrando con fuerza las sábanas como quien teme ingenuamente que pudieran robárselas. Por la noche, su rostro se viste de una dulzura especial, propia de quien encierra un corazón de bondad y entrega sin igual.
Pasa no sé cuanto tiempo, pero, por lo que fuera, llega un instante en que su sopor se debilita, hinca ambas manos en el colchón y despega la cara de la almohada, mirándome a través de dos finas líneas que resultan ser sus ojos.
–¿Qué pasa? –me dice arrastrando las palabras en un torpe susurro.
–Nada, cariño, duérmete –respondo inclinándome hacia ella lo justo para besarle la frente. Ella apenas titubea. Separa ambos brazos a la vez y se deja caer bruscamente de nuevo sobre la cama.Y yo, a su lado, continúo mirándola. Y cuidándola. Y sonriendo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Que bonito.