
En mis manos sostengo un papel que, llevado por la rabia, la impotencia, el dolor, la tristeza, estrangulo con mis dedos hasta blanquearlos. Estoy en una plaza, y es la plaza más solitaria del mundo, donde una intensa lluvia moja el suelo bajo mis pies y donde el Sol parece una luz mortecina.
Separo ambas manos y observo aquel papel que pronto parece tener unas alas que despliega para volar. Alzo los brazos hacia arriba y pido a Dios que lo empuje hacia el cielo, allí donde no me pueda hacer más daño, pero Él no me escucha y cae muerto junto mis zapatos.
Meto la mano en un bolsillo de mi chaqueta, y rozo con las yemas un pesado bulto metálico. Mis labios se deforman en una grotesca sonrisa…
Separo ambas manos y observo aquel papel que pronto parece tener unas alas que despliega para volar. Alzo los brazos hacia arriba y pido a Dios que lo empuje hacia el cielo, allí donde no me pueda hacer más daño, pero Él no me escucha y cae muerto junto mis zapatos.
Meto la mano en un bolsillo de mi chaqueta, y rozo con las yemas un pesado bulto metálico. Mis labios se deforman en una grotesca sonrisa…
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