26 abril 2007

EL PAPEL


En mis manos sostengo un papel que, llevado por la rabia, la impotencia, el dolor, la tristeza, estrangulo con mis dedos hasta blanquearlos. Estoy en una plaza, y es la plaza más solitaria del mundo, donde una intensa lluvia moja el suelo bajo mis pies y donde el Sol parece una luz mortecina.
Separo ambas manos y observo aquel papel que pronto parece tener unas alas que despliega para volar. Alzo los brazos hacia arriba y pido a Dios que lo empuje hacia el cielo, allí donde no me pueda hacer más daño, pero Él no me escucha y cae muerto junto mis zapatos.
Meto la mano en un bolsillo de mi chaqueta, y rozo con las yemas un pesado bulto metálico. Mis labios se deforman en una grotesca sonrisa…