25 julio 2007

Una canción: CHASING CARS, de Snow Patrol

We'll do it all
Everything
On our own
We don't need
Anything
Or anyone
If I lay here
If I just lay here
Would you lie with me and just forget the world?
I don't quite know
How to say
How I feel
Those three words
Are said too much
They're not enough
If I lay here
If I just lay here
Would you lie with me and just forget the world?
Forget what we're told
Before we get too old
Show me a garden that's bursting into life
Let's waste time
Chasing cars
Around our heads
I need your grace
To remind me
To find my own
If I lay here
If I just lay here
Would you lie with me and just forget the world?
Forget what we're told
Before we get too old
Show me a garden that's bursting into life
All that I am
All that I ever was
Is here in your perfect eyes, they're all I can see
I don't know where
Confused about how as well
Just know that these things will never change for us at all
If I lay here
If I just lay here
Would you lie with me and just forget the world?

ROTURA


Al mirarle sus padres, apenas le reconocieron. Aguardaba de pie, junto a la puerta. El pelo oscuro, arremolinado; la barba rala; las manos a un lado, casi muertas.
–¡Cariño, qué…!
Pero nada dijo. Los miró como por última vez con aquellos ojos empapados de tristeza. Bajo la luz amarillenta de una casa ya vieja cuando nació, escapó de sus padres porque no soportaba verlos, porque se derruía y no podía llorar.
El otoño era especialmente crudo y el viento atravesó su gabardina. Las hojas secas crujieron mientras perdía a su paso jirones de su alma. La angustia desgarraba sus entrañas y sentía asfixiarse de su casa, de su calle, de su barrio. Sobre su cabeza, los edificios se hundían cubriendo el mundo de una espesa niebla gris. Era el maldito testigo de un final donde le era vetado intervenir.
Cuando el Sol daba sus últimos coletazos de luz, se encontró sobre el antiguo puente de piedra. Muy abajo, el agua del cauce crecido discurría con una quietud tranquilizadora.
No tardó en convertirse en un peso muerto que abría los brazos mientras alimentaba el caudal del río con sus primeras lágrimas.

02 julio 2007

ESPACIO VACIO


Mi cuerpo es ligero como una pluma. Ni siquiera necesito cerrar los ojos para imaginar que vuelo como lo hacía de niño. Ahora que soy adulto, convertí mis sueños en mi realidad y mis fantasías en mi trabajo.
Soy astronauta y vivo en la estación espacial europea Alagnus.
Apenas un ligero empujón en mis pies me deja a merced del tercer principio de Newton, pero detengo mi viaje cuando alcanzo el pequeño ventanuco que me enfrenta a un planeta que navega en paz por el espacio.
Acaricio el marco, pero no siento su cariño. Mi planeta, la Tierra, no es un buen lugar para vivir. Ya no.
Dieciocho meses atrás, entre vítores y jolgorios, fui convertido en un héroe por el simple hecho subir en un transbordador espacial.
Nueve meses atrás, la situación política internacional se había encrudecido tanto que se temía que estallase una guerra fraticida en cualquier momento.
Seis meses atrás, dejé de recibir ninguna transmisión.
Desde hace días no dejo de pensar en la muerte, en sus múltiples caras, en los distintos rostros que lograría ver.
Podría intentar el regreso por mi propia cuenta y, al menor error humano, convertirme en un meteoro viviente que conduciría un pedazo de chatarra incandescente que describiera una línea de fuego en su entrada en la atmósfera.
He pensado en salir al espacio, sin máscara, sentir como mi cuerpo se expande hasta que cada célula de mi cuerpo explote, con la última visión de la Tierra como una mancha azul que todo lo devore.
O dormir, dormir para siempre, en paz, en calma, solo.
No tengo compañía, salvo la los fantasmas que me rodean de voces cada vez más nítidas y que menguan mi resistencia en repelerlas hasta casi desear que aparezcan.
Es hermoso sentirse ligero como una pluma. Sin miedos, sin temores, sin futuro…
Es cautivadoramente hermoso.