07 mayo 2008

EL REGALO


Derrotado en el sofá, mantengo la barbilla clavada en mi pecho y la mirada en el suelo. Las punteras de mis pies no se han movido, como nada dentro de mí. Sólo dejo pasar el tiempo, todo el del mundo, mientras me abrigo con el silencio de mi casa vacía.

A través de una puerta entreabierta, observo con el rabillo del ojo el paquete que descansa sobre una cómoda. Mis yemas acarician el papel de colores con que fue cuidadosamente envuelto y escucho el garabateo de un bolígrafo que escribió una emocionada nota en una tarjeta. Allí está mi regalo, y estará por siempre.

Pero el teléfono no suena, y la puerta de la calle no se abre. Palidezco y dejo pasar el tiempo. Sólo me restan energías para preguntarme: “¿Qué hacer con un regalo que ya no es para nadie?”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por fin has vuelto a escribir.
Es simplemente precioso.
Yo tampoco sabría qué hacer con un regalo que ya no es para nadie...

Anónimo dijo...

aayy charly, aunque no te lo creas pienso en tí. Por que, supongo, ese regalo no era para mí. jeje. un saludo